Peregrinación a Montserrat

19 junio 2006 · 0 comentarios

Ya hacía bastante tiempo que me rondaba por la cabeza intentar llegar hasta Montserrat subido en la bicicleta.
Esta vez aparte del componente deportivo se le añadía un componente más espiritual, pues tenía pendiente desde ya hacía demasiado tiempo una visita a "mi Moreneta".
Con estos antecedentes, había conseguido medio engañar a Alfons para que me acompañara y teníamos fijada la fecha del 2 de julio próximo, para intentar acometer tamaña gesta.
Anulaciones de última hora en compromisos previos, nos dejaron el día 11 de junio disponible y, ni cortos ni perezosos, cambiamos la fecha y para Montserrat se ha dicho.

A las 7:15 iniciamos la ruta desde la misma puerta de Alfons y nos dirigimos hacia Sant Cugat siguiendo un par de tracks que había conseguido en la red.
Tras pasar por el campo de golf de Sant Cugat, que a aquellas tempranas horas domingueras ya tenía bastantes practicantes, nos adentramos en el Parque de Collserola con destino al Puig Madrona, el cual bordeamos tras pasar por la Ermita de Salut.

Primera duda en el seguimiento del track, que nos lleva a dar una vueltecita pero enseguida encontramos de nuevo el camino. Pasamos por el cementerio de Roques Blanques en El Papiol que a esa hora todavía no cuenta con visitantes y donde se respiraba bastante Paz.

Siguiendo el track, segundo despiste del día. Demasiado cercano al primero y me empiezo a mosquear conmigo mismo por no saber interpretar lo que el GPS me dice. Enseguida solventamos la pérdida y retomamos el camino correcto. A partir de aquí, las minúsculas flechas amarillas que indicaban el camino correcto, se vuelven flechotas enormes que casi nos hacen olvidar el GPS y seguir exclusivamente las indicaciones que vamos encontrando.
En cuanto a la orografía, ya nos vamos enfrentando a lo que será una constante hasta llegar al último subidón que lleva directamente a Montserrat, que son continuos sube-baja, o mejor dicho baja-sube, pues da bastante rabia ver como pierdes altitud para, inmediatamente, tener que volver a ganarla.

Ya empezamos a tener hambre y, como caida del cielo, nos cruzamos con la carretera que va desde Terrassa hasta Martorell, justo a la altura de un restaurante con una pinta increible. No lo dudamos ni un segundo y nos paramos para reponer fuerzas.
Dos tostadas de pan de payés con lomo y queso, Coca-Cola y un cortado nos dejan más que repuestos y con las pilas cargadas para el resto del camino.
Ir hasta el restaurante nos ha alejado del camino marcado por las flechas amarillas, pero siguiendo el señalado por el track, así que al reanudar la marcha decidimos seguir el track y no deshacer lo andado para buscar las flechas, convencidos de que más alante volverían a juntarse ambos caminos.

Siguen los baja-sube y el calor empieza a hacerse patente pues este tramo de la ruta transcurre por una zona bastante falta de sombras y polvorienta.

Enseguida nos encontramos con que el camino que transitamos está marcado con unos papelitos de color naranja de una caminada desde Barcelona a Montserrat. ¡Para que luego digan que nosotros estamos locos!.
Tras atravesar varias urbanizaciones, finalmente bajamos por una trialera que al final nos hace poner pie a tierra, pues no estamos para caernos a estas alturas. Allí hay un cartel que anuncia que nos faltan 25 kms a Montserrat y eso nos anima bastante.
Abajo del todo llegamos al cauce de un riachuelo afluente del Llobregat. Me vuelvo a despistar y si no es por Alfons que ve uno de los cartelitos naranja, nos hubiéramos desviado bastante. Me vuelvo a mosquear conmigo mismo por no ir pendiente del GPS.

Al otro lado del cauce empieza un subidón que hacemos empujando. Suerte que es bastante corto y enseguida se convierte en asfaltado al paso por una urbanización. Continuamos el track y las flechas amarillas que ya coinciden durante un buen rato, hasta que las flechas se van hacia una trialera de bajada y el track indica recto por la urbanización.
Nuevamente una pequeña crisis pues nos surje la duda de que el track vaya por un sitio de más subida en lugar de escoger el camino que baja. Reviso otro track que llevo de soporte y este también indica continuar por la urbanización, así que seguimos subiendo aunque bastante mosqueados pues al frente se ve una montaña que no tenemos ningunas ganas de subir para volver a bajarla para llegar hasta la falda de Montserrat.
Un par de kilómetros más allá, empieza una bajada que nos lleva hasta una carretera que va a parar hasta Olesa de Montserrat. La bajada es bastante rápida y propongo tomar algo fresquito al llegar al pueblo, cosa que hago yo solo pues a Alfons no le apetece. Me tomo una Coca-Cola que me sabe a gloria, pues ya estaba un poco harto del agua del Camelbak.
Seguimos la ruta hacia Monistrol de Montserrat en busca del inicio de la subida que nos llevaría hasta el Monasterio.
Este enlace es bastante incómodo pues, al no encontrar un camino alternativo, lo hacemos por carretera. A pesar de que hay un hermoso arcén por el que transitamos, no somos muy amantes del tráfico rodado, así que apretamos el paso a pesar de la subida de algunos tramos. Creo que es aquí donde Alfons se lleva la puntilla, pues no deja mi rueda en ningún momento y acaba de "petar".

Por fín hemos llegado a Monistrol, aunque Alfons va bastante cansado. Incluso propone subir al Monasterio en el teleférico. Medio le convenzo con la pueril excusa de que igual no nos dejan subir las bicis. Pueril, pero cuela...
Al llegar al desvío de la carretera que lleva hasta el Monasterio hacemos una parada y reflexionamos sobre lo que vamos a hacer. Bueno, lo de reflexionar es un decir, pues si hubiéramos reflexionado realmente otro gallo nos hubiera cantado.
Alfons empieza a argumentar que ya ha tenido suficiente por hoy y yo le intento convencer de subir un ratito pues todavía falta bastante tiempo para que pase el tren que nos ha de llevar de vuelta. A regañadientes accede y empezamos a subir un poco y a ver qué pasa.
Enfilo la cuesta arriba a un ritmo bastante asequible, pero a la tercera curva miro atrás y ya no veo a Alfons. Aflojo hasta casi pararme y lo veo avanzar muy despacio. Enseguida nos paramos y mientras se zampa un sandwich me confiesa que va "petao". Le propongo abandonar, pero me responde que ya que está allí, sube aunque sea andando.
Me asombra su determinación y decido animarle y acompañarle todo el resto de la subida, así que le dejo que pase delante y mientras pedaleamos le voy dando conversación para que se olvide de todo lo que nos falta para llegar arriba, que todavía es mucho.
Nueva parada para hacer un trasvase de agua de mi Camelbak al suyo pues ya no le queda ni gota. Descansamos otro poco en la única sombra que somos capaces de encontrar pues está cayendo un sol implacable.

Nos cuesta retomar la subida pero seguimos a un ritmo más que lento. Alfons lleva un desarrollo muy fácil y aun así parece que no pueda moverlo. Su plato pequeño entra en acción y a medida que vamos avanzando la cadena empieza a subir a los piñones mayores. Eso no es buena señal y más cuando dice que empieza a tener calambres en los cuadriceps.
A pesar de que le voy animando todo el rato, lo veo fatal y le vuelvo a proponer desistir y bajar, a lo que nuevamente se niega. "La retirada no es una opción", me dice y se queda tan pancho.
Con un sufrimiento más que notable en la cara de Alfons, llegamos al Monasterio de Sant Benet y a partir de aquí la cosa se pone todavía más cuesta arriba con un par de repechos durillos.
En condiciones "normales", eso Alfons lo hubiera subido como una moto pero tal y como está mete el piñón más grande y sube a molinillo y empujando con la mano derecha sobre el muslo.
Volvemos a pararnos y le ofrezco un gel a ver si recupera un poco. Nos zampamos un gel por barba y seguimos subiendo.
A los cinco minutos me dice que se está mareando y se baja de la bici. Esto se está convirtiendo en una jornada épica. Le vuelvo a ofrecer bajar y otra vez me dice que llega como sea. Cree que está teniendo "una pájara" y le digo que con lo poco que hace que se ha comido un sandwich de nocilla y un gel, es imposible que tenga una hipoglucemia. Parece que lo convenzo de que no tiene una pájara y se le pasa el mareo.
Sigue empujando la bici coincidiendo con un par de rampas duras hasta que llegamos a la entrada del parking donde se da por satisfecho y me dice que si yo quiero subir hasta el Monasterio que me espera allí. Tras asegurarme de que se encuentra bien, lo dejo descansando y esprinto cuesta arriba hasta llegar arriba del todo sorteando coches, autocares y turistas que atestan el Monasterio.
Llego a la plaza del Monasterio y llamo a la cónyuja para decirle que vamos con bastante retraso sobre el horario previsto y que Alfons está bastante mal. Me tomo otra Coca-Cola y tiro para abajo como una bala hasta llegar donde dejé a Alfons.
Cuando llego a su altura ya tiene mejor cara. Sin duda el descanso le ha venido de fábula y más sabiendo que ahora todo es ya cuesta abajo.
Al empleado de la caja del parking le pregunto por la estación de Renfe donde tenemos que coger el tren y más o menos nos indica la dirección pero nos comenta que está bastante lejos del cruce de Monistrol.

Falta media hora para que pase el tren así que no nos podemos despistar mucho.

Bajamos bastante deprisa aunque no a tumba abierta y lo que nos ha costado subir más de una hora, lo bajamos en menos de 10 minutos. ¡Cosas de la gravedad!

De la estación de Renfe que buscamos sólo sabemos que se llama Monistrol de Montserrat-Castellbell i el Vilar, así que yo suponía que estaría entre ambos pueblos ¿no?, pues NO.

Cogemos la carretera dirección Castellbell y, al no encontrar la estación, a la entrada del pueblo pregunto a unos lugareños que me dicen que hay que subir toda la carretera hasta atravesar el pueblo y que allí está el desvío a la estación. También me indican que hay un atajo pero que hay que subir escaleras. En ese momento recuerdo los cuadriceps de Alfons y me imagino lo que les pasaría si se pone a subir escaleras con la bici al hombro.

Cuando termino de preguntar, Alfons ya me ha alcanzado, pero no me veo con ánimos de decirle que viene una subida, así que le engaño y sólo le digo que me siga, que ya falta poco.

El tiempo apremia más y más y veo que no vamos a llegar a tiempo de coger el tren.

Llegamos a la estación 3 minutos tarde y el tren ya ha pasado. Lo hemos vuelto a hacer. Cuando fuimos a Sant Celoni, perdimos el tren por 5 minutos y nos tocó esperar una hora y ahora nos ha vuelto a pasar lo mismo.

A la vista de la estación estoy atónito, pues está compuesta de un edificio de tiempos de María Castaña, que lleva abandonado mucho tiempo y que está completamente lleno de pintadas, cristales rotos y hierros oxidados. ¿Por aquí pasa el tren? ¿Y además para?.

Por supuesto ni tiene bar ni expendedor de billetes ni nada que se le parezca, además de estar a las afueras del pueblo en un descampado. Ante tal desconcierto, Alfons coge el móvil y empieza a llamar a información de Renfe pues no vaya a ser que esperemos una hora hasta las 15:16 y luego el tren no pare.
Le confirman que sí, que los trenes pasan y que además paran, así que nos lo tomamos con calma y empezamos a llamar a las cónyujas para avisar del desaguisado horario.
Alfons deja un mensaje en el contestador y se libra de la reprimenda, de momento. Yo no tengo problemas para contactar y la voz de mi sufrida cónyuja deja entrever el más que evidente disgusto, pero ahora ya no podemos hacer nada, salvo esperar el próximo tren.
Yo me lo tomo con paciencia sentado en la sombra mientras Alfons, que en la última subida ha echado el resto de lo que le quedaba, se pone a hacer estiramientos mientras deja la bici tirada en el andén, signo de que está bastante harto de ella.
Al cabo del rato llega un lugareño réplica casi exacta del famoso Neng de Castefa, que nos ameniza la espera con una conversación digna de ser grabada.

Que si él prefiere hacer curvas con su moto, que si se la pegó y ahora la tiene siniestro total, que si qué cansado es eso de dar pedales, que si hace un mes fue a un Maxitunning, en fin, que "lo fliplamos" hasta que llegó el tren.
Al subir escojemos vagones diferentes y, por fin, la paz vuelve a reinar hasta que la cónyuja de Alfons llama a mi móvil y yo viendo el marrón que se avecinaba, le paso el aparato al destinatario de la llamada que, evidentemente, era Alfons. Puedo atestiguar que los gritos que salían del auricular se oían desde lejos.

A las 16:00 llegamos a la estación de Cerdanyola y poco después llegamos a casa de Alfons, meto la bici al coche y tiro para casa donde llego pasadas las 16:30.
El ambiente doméstico era bastante tenso, así que sin rechistar, me comí el arroz frío que me aguardaba y que me supo a gloria bendita, ducha y a pasear que "ya está bien todo el domingo aquí solas las dos".

Yo por lo menos comí, que hubo otros que ni eso, ¿verdad Alfons?
Al día siguiente pude descargar el track del recorrido y comprobar que la dureza que apreciamos se correspondía con la realidad: 81 kms y 1900 metros de desnivel positivo lo atestiguaban.

Ahora toca hacer bondad que ya se han consumido los "vales por una jornada ciclista intensa", durante algún tiempo.

Cabrerés 2006

22 mayo 2006 · 0 comentarios




Esta edición de la Cabrerès ha sido un poco diferente de las dos anteriores en que participé, pues mi retoña me ha acompañado y hemos compartido unos días inolvidables con la bicicleta como protagonista, aunque pensándolo bien, la bicicleta no ha sido más que una excusa para estar juntos y disfrutar.


Sábado 20

El sábado por la tarde, mi retoña participó por primera vez en la Mini-Cabrerès y la cosa no pudo ir mejor.

Tras comer más pronto que de costumbre, cogimos todos los bártulos y nos dirigimos hacia L'Esquirol, donde llegamos sobre las 15:30.

El ambiente estaba tranquilo y pudimos aparcar casi en la puerta del recinto ferial.
Recogimos el dorsal, se lo pusimos a la bici y nos dirigimos al circuito al que los más pequeños se hartarían de dar vueltas. Empizaba la sesión de entrenamientos previos.

La retoña no muy acostumbrada lo abrupto del terreno que formaba el circuito, al principio sólo sabía decir "Uy, uy, uy,..." mientras yo iba corriendo a su lado cogiéndola por el sillín o por el hombro y diciéndole por donde era la trazada buena, por donde no había que pasar por el elevado riesgo de talegazo, donde frenar. Vamos, que ni Fernando Alonso...

Poco a poco y con esa facilidad que sólo los niños tienen, le fue cogiendo el tranquillo y subía las cuestas sin ayuda, frenaba donde tenía que frenar, apretaba donde tenía que apretar y tomaba las curvas con una soltura pasmosa.
Había pocos niños entrenando así que la circulación era fluida, pero en una curva un niño se cayó en la parte de dentro y al abrir la trazada para esquivarlo se fue a la "zona de alto riesgo de talegazo", donde las previsiones se cumplieron y dió con los huesos en el suelo todo lo larga que es. Por suerte el terreno en esa zona era totalmente polvoriento y me recordaba al que hay en los caminos de Almería, sin un granito de arena, todo polvo. Así, sólo su orgullo quedó lastimado y al ayudarle a levantarse parecía un boquerón al que le espera la sartén.
Las gafas de sol que llevaba le protegieron los ojos del polvo, pero la cara se quedó bastante churretosa con las cuatro lágrimas que echó.

Todavía no habían dado la salida y ya teníamos un incidente en la pista. Los entrenamientos siguieron tras el percance y sin más problemas llegó la hora de la salida que se daba en el recinto ferial.
Desde allí volvimos al circuito y los miembros de la organización se colocaron estratégicamente para ayudar a los pequeños en las zonas más difíciles. Había una gran cantidad de niños y niñas bien pertrechados con sus cascos (obligatorio naturalmente), guantes e incluso rodilleras y coderas para los más freeriders. Con esta gran cantidad de bicicletas, la hora punta llegó al circuito y se hacía difícil la conducción.
La retoña me dejó asombrado pues esquivaba al resto de bicicletas con una facilidad pasmosa escogiendo la trazada más adecuada en cada momento. Incluso cuando desaparecieron los embotellamientos pudo hacer algunas vueltas sin ayuda.
En todo momento, tanto en los entrenamientos como en la carrera, fui corriendo a su lado, aunque no pude evitar el talegazo y eso es evidente que le dió bastante tranquilidad.

Tras tropecientas vueltas al circuito la convencí para dar por terminada la prueba y dirigirnos al recinto ferial para recoger el recuerdo que les regalaban y donde tenían preparada una merienda.
El recuerdo consistía en una camiseta estampada con el logotipo de la prueba como acreditación de su participación.
Sobra decir que, entre lo pronto que habíamos comido y el montón de vueltas que había dado al circuito, se zampó el dónut y el zumo que le sirvieron como merienda en un periquete.
Al llegar al coche se cambió la sucia camiseta por la nueva y a los 10 minutos de haber iniciado el regreso ya estaba durmiendo como un angelito.
Al llegar a casa le pregunté si el año que viene volveríamos o si le había parecido un rollo y contestó que el año que viene también quería ir, así que nos iremos preparando...

Domingo 21

A las 5:10 sonó el despertador y tras remolonear lo justome levanté, me vestí de torero, desayuné un poco, aunque a esas horas..., cogí los bártulos y salí hacia la Cabrerès.

Aunque era negra noche, al llegar a la autopista AP-7, ya había muchos coches con bicicletas de montaña en las bacas y en los portones traseros, signo de que la manada se había puesto en marcha sin importar la hora.

El viaje fue tranquilo y con menos tráfico que otros años. Sin duda los 15 minutos de adelanto se estaban notando.

A las 7:05 ya estaba con el coche aparcado y pedalendo sobre la bici buscando la salida. Le pregunto a un miembro de la organización y me envía hacia el recinto ferial y allí encuentro las primeras flechas que marcaban el recorrido.

Curiosamente pasé al lado del circuito que el día anterior había servido de debut a mi retoña y me vinieron a la mente todos los momentos vividos la víspera.

Conforme iba avanzando en el recorrido me di cuenta de que volvía a pasar cerca de donde tenía el coche aparcado. Las indicaciones de la organización me habían regalado 10 minutos de vuelta al pueblo para volver al mismo punto. ¡Empezamos bien!.
Ya en la ruta correcta el ambiente no puede ser más agradable, con muchos grupos de ciclistas que inician la pedalada.
La mañana no está muy fresca y voy sólo con mallot y manguitos. El suelo está muy seco y enseguida se forma una polvareda considerable.
El principio del recorrido es cuesta arriba y voy saltando de grupo en grupo.
Primer avituallamiento: me paro y me zampo una naranja que está buenísima. Sigo palante sin entretenerme, pues voy de los primeros y no quiero que me pille el grueso de la manada y toparme con los típicos tapones made in Cabrerès.
Tras una pequeña bajada, nuevamente una laaaarga subida. Está bien empezar la marcha con subida para estirar el grupo pero ya empiezo a estar harto de tanta subida.
Por fin se acaba y empiezo a rodar un poco más rápido hasta llegar a la zona donde hay un atajo. Dudo un poco pero al final decido cogerlo y así llegar pronto a casa pues no está el horno para bollos domésticamente hablando y prefiero no tardar mucho en llegar.
Enseguida el trazado más corto se convierte en una trialera y después en un sendero muy divertido.
Al volver a juntarse los dos recorridos hay un nuevo avituallamiento y alí oigo a un grupo quejarse de que el recorrido largo era todo por pista ancha. Por una vez he acertado.
Me vuelvo a zampar otra naranja y continúo pues tengo miedo de que me pille la marabunta de la Cabrerès.
Tras una bajada con curvas muy cerradas donde un torpedo de la pradera por poco se empiña por adelantarme, llegamos a Rupit donde nos ofrecen el desayuno consistente en un bocadillo de butifarra con bebida (zumo, agua o vino). Elijo un zumo de piña y me zampo el bocata que está bastante bueno aunque la butifarra un poco cruda para mi gusto.
Me cuesta salir de la zona de desayuno pues no encuentro ninguna señal y no hay ningún ciclista al que seguir. Tras 30 segundos de indecisión decido preguntar a un miembro de la organización, aunque después de la experiencia de la salida, dudo un poco, pero justo al acercarme a donde estaban veo el cartel más grande del mundo que indicaba la continuación del recorrido.
Al alejarme lo justo de la zona concurrida, me paro para comprobar que estoy bien hidratado observando la cantidad y el color del chorrito que dejo ir en medio de la montaña.
A partir de aquí hay una zona bastante complicada y técnica con unas subidas bastante delicadas que hago sobre la bici excepto la última, que decido no forzar y patear un poco.
Se continúa en dirección a Tavertet pero para llegar allí hay que subir a una montaña bastante imponente desde donde hay una vista magnífica de unos precipicios memorables. La subida es en parte por pista asfaltada y el último repechón requiere de casi todos los piñones junto con el plato pequeño. Voy junto a un grupo y maldecimos en arameo al terminar la cuesta, suerte que hay otro avituallamiento allí mismo. Me vuelvo a zampar otra naranja que está buenísima y las simpáticas señoritas de la organización no cuentan la película de que a partir de allí todo es bajada. Como uno ya tiene algunos tiros pegados, las miro con cara seria arqueando una ceja y enseguida confiesan que bueno, que queda un poco de subida todavía.
Lo cierto es que la subida que falta es mucho más llevadera y enseguida empieza la bajada hasta Tavertet que hago como una bala.
A partir de allí ya me acuerdaba del recorrido pues era el mismo del año anterior, así que ya sabía lo que me quedaba.
Aunque se suponía que habría tres avituallamientos, al llegar arriba me encuentro otro más donde me zampo......, efectivamente, me zampo otra naranja y un vaso de zumo y otros dos vasos de agua fresquita.
Aquí está el desvío para coger el segundo atajo y ahora sin dudarlo, lo cojo y me vuelvo a encontrar con zonas de senderos, trialeras, unos bosques preciosos hasta que llego a Cantonigrós. Atravieso el pueblo y voy hasta la "trialera de la muelte".
La llamo así porque es una bajada que va desde Cantonigrós hasta L'Esquirol y está formada casi en su totalidad por escalones de piedra. Allí las bicicletas sufren un severo castigo y las muñecas de los bikers también. Los dos años anteriores vi a ciclistas con lesiones serias tras caer en esos escalones, así que es una zona para ir con mil ojos.
Supongo que este año la Trek Fuel EX me ha ayudado bastante y no me ha parecido tan heavy como años anteriores donde la pobre Giant con una horquilla de juguete me hacía llegar abajo con auténtico dolor en las muñecas y antebrazos.
Desde el final de la "trialera de la muelte" ya sólo me faltaba un pequeño recorrido por el pueblo y llegar a la zona ferial donde recogí el mallot conmemorativo, me zampé un dónut, me tomé dos Coca-Colas y para el coche, bici adentro y para casa, donde llegué a las 12:30.
La cónyuja no se lo podía creer, se pensaba que me había pasado algo pues había llegado demasiado pronto a casa. La verdad es que tardé 3:40 para hacer 54 kilómetros, que para un Piltrafilla como yo no está nada mal.
Lo peor del fin de semana fue que acabé un poco harto de coche, pues repetí los 90 kilómetros de ida y los 90 de vuelta el sábado y el domingo, así que el año que viene toma fuerza la posibilidad de ir a pasar el fin de semana a algún pueblo de la zona y ahorrarme 180 kilómetros de conducción.

Más madera...

02 mayo 2006 · 0 comentarios



Ya hacía tiempo que tenía ganas de dar una vuelta por el GR-92.

Hace un año y medio hicimos un intento de completar la travesía por ese sendero de Gran Recorrido desde Tordera a Badalona (unos 85 kilómetros más o menos), pero una lamentable falta de previsión nos llevó al fracaso más absoluto, teniendo que abortar la misión en Sant Celoni con 60 kilómetros en las piernas después de varias pérdidas y con algín percance.
Es una espina que tengo clavada y que algún día me quitaré... espero.

Como aperitivo y reconocimiento de la zona, para el lunes programé una salida que nos pretendía llevar desde Badalona a Sant Celoni, por el GR-92 (unos 57 kilómetros), siguiendo el track de mis paisanos del BTTBADALONA.
A pesar de hacer llegar la convocatoria a casi todos los miembros del grupo, el lunes a la hora convenida sólo nos presentamos Alfons, Isaac y quien escribe esto Santi, en el lugar de encuentro en la estación de Renfe de Badalona.



Los tres intrépidos aventureros en la salida con el Meditérraneo como testigo

Tras los saludos de rigor empezamos a pedalear en dirección a Montgat, donde empezamos a subir hacia la montaña, en busca del GR-92.

El día estaba claro y sin viento con una temperatura más que agradable que invitaba a la aventura.

Tras llegar a Alella seguimos subiendo hasta la Carretera de la Cornisa, donde nos encontramos a un caminante que nos preguntó por Vallromanes. Le indicamos lo mejor que supimos y seguimos la marcha.

En un rato más llegamos hasta La Roca d'en Toni, un dólmen prehistórico donde nos zampamos unos bocatas y unas barritas y descansamos un poco. Hasta aquí el camino ha sido más o menos llevadero y lo peor está por llegar, sobre todo porque no conocemos qué es lo que nos espera.


Posando en La Roca d'en Toni

Con energías renovadas continuamos navegando el track. A partir de aquí es territorio inexplorado para los tres, así que extremamos las precauciones ante posibles inprevistos en el camino.

Llegamos a la ermita de Sant Bartomeu que Alfons reconoce de haber pasado en la marcha Prehistórica y atravesamos la primera carretera de las cuatro que nos iremos encontrando por el camino. El paso por cada una de esas cuatro carreteras va a suponer bajar para después subir, pues transcurren por los valles.

Ahora cogemos una senda bastante estrecha y con mal firme donde todavía se aprecian las marcas de las ruedas de la Pedalada de Cabrils del día anterior. Incluso se observan las señales que indicaban el recorrido de la pedalada.

Aquí pasamos un momento de crisis, pues al atravesar una zona de arboleda muy espesa y donde la pista desaparecía casi por completo debiendo llevar la bici a cuestas, las señales del GPS desaparecieron al mismo tiempo que la pista y durante un ratito fuimos a ciegas. Suerte que la intuición me funcionó y cuando las señales del satélite volvieron estábamos en la buena senda.

Seguimos pista ancha y a ritmo tranquilo íbamos tragando kilómetros. Isaac, sabiamente, no quería fundirse y en las subidas lo dejábamos atrás aprovechando las sombras para esperarlo pues el sol ya picaba lo suyo.

En continuos sube-baja fuimos avanzando hasta que al atravesar la cuarta carretera nos enfrentamos a la parte más dura del recorrido y con más de 40 kilómetros ya en nuestras piernas.

Nos detuvimos delante de un cartel con un mapa de la zona, donde un grupo de espléndidas adolescentes en bicicleta intentaban situarse. Isaac, bastante prudente, se quedó en el camino mientras Alfons y yo probábamos de intuir lo que nos quedaba. También ayudamos a las señoritas a saber donde estaban. Al momento llegó otro ciclista que nos preguntó de donde veníamos y a donde íbamos. La cara que puso al decirle que veníamos desde Badalona fue de bastante sorpresa. Supongo que no estaba acostumbrado a encontrarse locos como nosotros cada día. Nos dijo que hasta Sant Celoni quedaban todavía 2 horas si nos dábamos prisa y como eso no coincidía con mis previsiones no le hice demasiado caso. Le dí las gracias, nos despedimos y seguimos ruta.

Alfons ya empezaba a estar un poco preocupado pues pretendía coger el tren a las 12:45 en Sant Celoni, para llegar a una hora prudencial a casa. Como eran las 11:15 teníamos 1:30 para hacer lo que el ciclista nos dijo que tardaríamos 2 horas si íbamos rápido. Debíamos darnos prisa, pero Isaac ya tenía la luz de la reserva encendida y quedaba lo peor.

Poco a poco fuimos avanzando. Nos parábamos a esperar a Isaac mientras una enorme cantidad de coches nos adelantaban por la pista del GR-92 en dirección al Santuario del Corredor. Estábamos sorprendidos de ver tantos coches que iban levantando muchísimo polvo, hasta que al llegar a las proximidades del Santuario observamos como había una especie de romería, con una cantidad enorme de gente.

Hasta llegar allí la subida fue interminable. No era demasiado dura pero si muy, muy larga. Alfons y yo temíamos por Isaac y hasta en algún momento nos llegó a preocupar que no fuera capaz de llegar arriba, al Santuario, donde le estábamos esperando.

Aprovechamos para hacernos unas fotillos mientras el tiempo iba pasando y pasando.


Alfons celebra la llegada al Santuario con una barrita.


Bonita foto, yo soy el de rojo, no el de blanco

Por fín llega Isaac donde le recibimos como a un héroe. Bueno, en realidad, lo es. Esta ha sido su mayor aventura hasta el momento y no será la última seguro.

Le dejamos descansar más bien poco pues el tiempo apremia, además a partir de aquí es todo bajada.

Nos tiramos cuesta abajo al grito de "mar***n el último" y disfrutamos como unos cosacos del bajadón, aunque teniendo cuidado pues la arena suelta sobre el firme duro no se lleva muy bien con las tumbadas en bici y además todavía subían coches a la romería.

Aunque el 99% es bajada, de vez en cuando hay algún repecho que pica un poco hacia arriba y que el pobre Isaac le debe parecer el Tourmalet.

Llegamos a la carretera y seguimos bajando. Vamos con el plato grande y tirando pues vemos que no llegamos a coger el tren. Al mirar atrás veo a Alfons a rueda y al pobre Isaac 200 metros más atrás. Al llegar a un cruce decido aflojar y esperarlo pues ya está claro que no cogemos el tren.

Seguimos un poco más tranquilamente y llegamos a la estación cinco minutos tarde.

Sacamos los billetes y tras repasar los horarios vemos que el próximo tren, al ser día festivo, no pasará hasta las 13:45. ¡¡Qué mala suerte!!. Una hora de espera por llegar 5 minutos tarde.

Aprovechamos el tiempo en la cantina de la estación. Invito a Isaac a una Coca-Cola pues hoy ya se ha ganado el título honorario de "MOUNTAIN BIKER", así con mayúsculas. Jamás había hecho una gesta de este calibre y está "petao", pero le ha puesto la dosis necesaria de ganas y testiculina para ser capaz de acabar lo que empezó. Chapeau por él!!

Isaac con cara de "petao" bebiendo una Coca-Cola en Sant Celoni

Yo me encuentro bien, incluso tengo moral para pensar en subir al Turó de l'Home desde Sant Celoni. Aprovecho y les explico a mis compañeros de ruta que esto en realidad es menos de la mitad de la salida original, pues los bikers del BTTBADALONA después de llegar a Sant Celoni por el mismo camino que nosotros, comieron y se subieron al Turó de l'Home (1652 metros de altitud) bajando a continuación. ¡¡Vaya machotes!!

No se lo pueden creer y más cuando les comento que más de uno de los que subió ya ha pasado con creces el medio siglo. Estos abuelos son la leche.

Por fin subimos al tren que está casi vacío, acomodamos las bicis, nos sentamos y casi nos dormimos con una música clásica que sonaba por el hilo musical.

Alfons llega a su estación, nos despedimos y se baja, continuando Isaac y yo hasta nuestra parada. Tras bajarnos todavía nos falta un ratito de pedalear hasta casa e Isaac me ruega que le lleve por donde haya menos baches pues tiene el culo hecho polvo de tanto rato sobre el sillín.

Charlando le acompaño hasta cerca de su casa, nos despedimos y hasta la próxima.

TRACK Y MAPA

A ritmo

24 abril 2006 · 0 comentarios


Si queremos llegar a la Cabrerés con más o menos esperanzas de que no nos pasen 7000 ruedas de tacos por encima, tenemos que salir y montar, hacer el callo en el culo y acostumbrarnos a estar 5 ó 6 horas encima del sillín. Si no es así lo vamos a pasar mal.

En las últimas salidas vemos que cada día vamos mejor, incluso los que han estado de parón los meses de invierno, van mejorando en sus sensaciones sobre la bici y eso sólo tiene un secreto. Montar y meter kilómetros a las piernas.

El sábado hubo convocatoria en Cerdanyola donde acudieron Dami, Félix y Kiko. Yo no pude asistir por compromisos familiares y por tanto desconozco la ruta que siguieron.
El domingo se amplió la convocatoria y a los del sábado nos añadimos Alfons y yo. Tras los saludos de rigos empezamos a pedalear hacia la zona del Parc Tecnològic y de allí subimos por una "supersubida de la muerte" llena de raices, piedras y tierra suelta, que sólo Dami logró subir del tirón.
A mí me faltó poco pero me equivoqué en una trazada, me resbaló la rueda trasera y tuve que poner el pie a tierra aunque pude acabar de subirla sin más incidentes.
Hoy la ruta propuesta iba a llevarnos por sitios que normalmente frecuentamos pero en sentido opuesto.
Así nos dirigimos hacia Can Borrell para subir hasta la Ermita de Sant Medir y luego continuar subiendo por la conocida como "Pista de Víctor".
Esta subida no es realmente empinada pero bastante técnica con el suelo lleno de piedras sueltas y formando escalones.

Enseguida Alfons se puso en cabeza y empezó a tirar como si tuviera prisa. Bueno, de hecho, tenía prisa porque su familia le esperaba para salir a pasear y a una cónyuja no se le hace esperar si no quieres tener problemas. Serios problemas.

Como decía, Alfons tiraba cuesta arriba como un condenado y me llevó con la lengua fuera hasta que por fin llegamos arriba del todo. ¡Este tío cada día está más fuerte, ya no hay quien lo deje atrás!.
Poco a poco llegaron Kiko, Félix y Dami. Alfons se despidió pues ya he comentado que tenía prisa y nosotros buscamos una bajada que nos llevara hasta Can Coll a tomar el cortado pertinente.
Elegimos la bajada del antiguo Jardín Botánico y rápidamente Dami, Kiko y yo nos distanciamos de Félix que es bastante prudente en las bajadas.
Mientras esperábamos que llegara vemos a un grupo de ciclistas donde uno de ellos viene con casco integral, rodilleras y con una bici acorde a la indumentaria y se salta un tronco que había en medio del camino como si nada. Dami le encuentra un cierto parecido Marvin el Marciano de la Warner Bros. Cuando Félix llega todavía nos estamos riendo de la ocurrencia.
Seguimos bajando sin más incidencias hasta que casi en Can Borrell, en una subida que hacemos esprintando, Félix se da un tortazo.
Ha chocado con la rueda delantera con algo y se ha ido de morros al suelo. Se levanta sacudiéndose el polvo y con magulladuras sólo en el orgullo. 10 metros más allá se para al descubrir que del encontronazo la rueda delantera se ha reventado. Cambio de cámara y a por el cortado.

Regresamos hasta el lugar de salida sin más contratiempos, nos despedimos y hasta la semana que viene.

Yo prolongo la salida hasta casa pues he ido a Cerdanyola en bici y ahora me toca volver. Atravieso Montcada y por el Parque Fluvial del Besós llego hasta casa.

El fin de semana que viene, aprovechando los tres días de fiesta tenemos planeado hacer una ruta un poco diferente siguiendo un track con el GPS. Esperemos no perdernos...

Yupiiiiiii

18 abril 2006 · 0 comentarios

Ya tocaba.

Después de muchísimos días sin tocar la bici, esta Semana Santa me he tomado la revancha.

La preparación de la Cursa de Bombers había hecho que centrara mis ratos libres en intentar no acabar el último de esta carrera y como consecuencia la pobre bici estaba ya criando telarañas.

Había minimizado el mono de montaña yendo a correr allí, pero aún así ya tenía ganas de sufrir un poco sobre la bici.

El martes, dos días después de la Cursa de Bombers, Alfons y yo nos reunimos en Cerdanyola para dar una vueltecita con la bici. Conscientes de que estaríamos machacados, salimos sin pretensiones, a ver qué pasaba y a hacer el recorrido que nos apeteciera.

Charlando y comentando las incidencias de la carrera fuimos pedaleando por la montaña que en este tiempo está preciosa, hasta que casi sin darnos cuenta llegamos a la Font Groga. Como íbamos bien de tiempo, decidimos que íbamos a ir hasta Sant Pere Mártir pues durante el invierno en varias ocasiones lo habíamos intentado y por falta de tiempo o por exceso de lluvia, todavía se nos resistía. Además Alfons no conocía el sitio y esto no podía seguir así.

Atravesamos Vallvidrera y nos presentamos al pie de la montaña dispuestos a afrontar el subidón que lleva hasta la cumbre.

Paciencia, platillo y parriba.

Llegamos cansados pero satisfechos y durante un buen rato nos deleitamos con la hermosa vista de Barcelona y alrededores que se divisa desde allí.

Vuelta hacia casa con el culo un poco dolorido pero satisfechos de la bonita salida y de lo fuertes que estábamos sin apenas salir con la bici.

Al día siguiente, bici y maletas al coche y para la Cerdaña donde Dami y su familia nos habían invitado a mi famialia a pasar unos días.

El jueves despertador y a las 8:30 con bastante frío Dami y yo salimos a recorrer los parajes cercanos a Llívia, sin ninguna subida digna de especial mención, pero con sube-bajas para ir haciendo "el callo en el culo" como dice Dami. Al atravesar una riera, nos mojamos los pies y con el frío que hacía, se nos quedaron como cubitos, suerte que hacía sol y durante un rato estuvimos con los pinreles al sol en una estampa memorable.

En total recorrimos 20 kilómetros para ir abriendo el apetito para el viernes donde nos esperaba una salida de montaña con Albert y Raul, amigos de Dami que están en bastante mejor forma que nosotros.

El viernes de nuevo despertador y hacia Santa Leocadia donde nos esperaban Albert y Raul para darnos para el pelo.

Tras las presentaciones y saludos de rigor, nos dirigimos hacia el Balneario de Llo, en la Cerdaña francesa y allí empieza la fiesta subiendo por carretera hacia el nacimiento del río Segre por un cañón de belleza increible pero con bastante pendiente.

Dami acusa bastante la subida y sus meses de abstinencia bicicletera, pero sube sufriendo como un campeón sin poner pie a tierra. Yo, contra todo pronóstico, sigo el ritmo que llevan Albert y Raul sin problemas y encima voy cómodo.

Antes de llegar a los 2000 metros de altitud empiezan a aparecer trozos de pista completamente cubiertos de nieve que, al principio nos hacen gracia, pero a medida que seguimos subiendo y se hacen más espesos y seguidos, ya nos dejan de hacer gracia, sobre todo cuando se nos empapan los pies por la nieve que nos llega hasta media pantorrilla en algunos lugares.

¡Que bonita la nieve!

El ritmo se ralentiza y el tiempo estimado de llegada a casa, donde nuestras familias nos esperan para ir de picnic, se va retrasando y la nieve que no desaparece.

Después de 50 minutos de empujar la bici, ya estamos hasta las narices de nieve y no tiene pinta de ir a menos, pero al final llegamos a la cumbre, cambiamos de vertiente y la nieve desaparece dando paso a una de las bajadas más bonitas que recuerdo.

Llegamos a un pueblecito francés llamado Err con los frenos de disco echando humo y los pelos de punta del bajadón. Nos despedimos de Albert y Raul y salimos pitando hacia Llívia donde nos tememos lo peor de nuestras cónyujas que ya deben de estar hartas de esperarnos, pero, oh, sorpresa, ni están enfadadas ni mucho menos.

37 kilómetros con casi 1000 metros de desnivel positivo y una altitud máxima de casi 2100 metros. ¡¡Ahí queda eso!!

El sábado, ya en Badalona, descanso pues el domingo de nuevo Alfons me tenía preparada una salida más que interesante desde Granollers hacia el macizo del Montseny, guiados por Tiko, un amigo suyo bastante maquinón.

El domingo recojo a Alfons en Cerdanyola, cargamos su bici en mi coche y para Granollers donde llegamos un poco antes de las 8:30.

Allí me presenta a Tiko y éste decide que, aunque ha estado unos días un poco enfermo y no está en plena forma, nos llevará al Sui.

En algunas crónicas de grupos de BTT que sigo habitualmente, había leido algo sobre ese pico que está en el macizo del Montseny y me sonaba que había un subidón bastante considerable, pero si hay que ir se va.

Iniciamos la ruta y enseguida me doy cuenta del especial estilo de Tiko. Para empezar no lleva casco ¿?, es bastante delgado y sobre la bici se desenvuelve de forma "especial", pues antes había corrido en carretera. No puedo evitar acordarme de Michel, un amigo de Dami que vive en Almería y que es clavadito a Tiko, tal vez un poco más bajito, pero muy parecido: flaco, con unas piernas que dan miedo, sin casco, etc.

Después, en la bajada, el parecido con Michel ya quedaría del todo patente, pero ya llegaré, ya.

Por caminos rurales y urbanizaciones llegamos hasta Cánovas, donde empieza la verdadera subida hacia el Parque Natural del Montseny por una carretera que pronto se convierte en pista y enseguida una cadena impide el paso a los vehículos.

Primer rampote y llegamos a un embalse donde el paisaje es precioso. Alijeramos ropa pues Tiko nos avisa de que la subida es importante y si él lo dice con esa planta de escalador que tiene, definitivamente hoy lo voy a pasar mal.

Seguimos subiendo y muy arriba en plena montaña se aprecia una masía. Tiko nos dice que la masía está a 1/3 de la subida. Yo me empiezo a asustar aunque me cayo y sigo subiendo sin rechistar aunque intentando regular.

Después de un buen rato de subida llegamos a la masía donde descansamos, nos comemos unas barritas y "admiramos" lo altas que son las montañas que todavía nos quedan por subir. Cada vez el suelo está peor con mucha arena, piedras y trozos de ramas, que unido al desnivel, hace que vaya abusando del plato pequeño sin remordimientos.

Tras casi 3 horas después de la salida, llegamos al Pla de la Calma y desde allí el Sui ya está casi al alcance de la mano. Cambiamos la pista ancha de arena por un sendero lleno de piedras y en 15 minutos más llegamos a la cima del Sui, desde donde la vista de la comarca del Vallès y del resto del Macizo del Montseny es espectacular. Lástima que haya un poco de neblina.

Llamo a la cónyuja desde la cumbre para que no prepare la comida todavía que aún faltan 28,6 kilómetros de bajada y la vuelta en coche.

Tras reponer algo de fuerzas, nos volvemos por el mismo camino que hemos subido.

Al llegar a la pista ancha, empieza una bajada a saco donde durante un rato soy capaz de seguir a Tiko. La bajada es muy complicada y deja a la altura del betún a la del viernes en Francia, aunque Tiko la baja a todo trapo.

Me viene a la memoria una caída que tuve en la bajada del Castell de Burriac en Argentona, que es muy parecida a esta y me da canguelo, por lo que decido esperar a Alfons que, como siempre, baja a su ritmo y bajar tranquilamente. Definitivamente este ritmo es bastante más sensato, pues no quiero pensar en pinchar una rueda bajando a todo trapo.

Con las muñecas fundidas de tanto bache, llegamos a la masía donde paramos en la subida y Tiko nos está esperando. Seguimos bajando y a la altura del embalse ahora hay bastante gente pasenado por lo que vamos más despacio hasta coger de nuevo el tramo asfaltado que lleva a Cánovas y que hacemos tirando a plato como si todavía tuviéramos fuerzas.

Las 3:15 horas de subida me han dejado el culo como el de un mandril y en el primer tramo asfaltado de subida me quedo fundido como una loncha de Tranchetes en una sandwichera.

Definitivamente la salida del viernes en la Cerdaña me está pasando factura. De hecho me sorprendo de haber tardado 50 kilómetros en petar.

En las subidas me quedo atrás mientras en las bajadas hago valer mi mayor peso para acercarme a mis compañeros de aventura.

Vamos por las mismas pistas agrícolas que habíamos transitado hasta que en una doble curva casi me la pego. Es una doble curva izquierda-derecha que trazo como si fuera Pedrosa siguiendo el rastro de Tiko y con Alfons detrás mío, pero en la curva de derecha me acerco demasiado al interior y cojo un resalte que me hace volar medio metro o así, pero que me impide acabar de trazar la curva y me pego un recto saliéndome por el margen izquierdo de la pista donde un campo sembrado me espera. Entre la pista y el campo hay un desnivel de bastante más de medio metro y en un gesto instintivo echo el cuerpo atrás, tiro del manillar y pego un salto con aterrizaje perfecto en el campo, todo ello aderezado con un grito digno de un kamikaze.

Paro la bici y casi no puedo hablar. Menudo susto. Me podía haber empiñado a base de bien pero unas veces tienes suerte y otras no, y hoy era mi día de suerte. Alfons se hace cruces de que no me haya caído mientras le explica a Tiko la maniobra de supervivencia que he hecho y me dice que creía que me caía. Sí, lo confieso, yo también creía que me caía.

Sin más incidentes seguimos hasta casa de Tiko donde nos invita a un aperitivo y me bebo una Pepsi que me sabe a Gloria Bendita.

Dándole las gracias nos despedimos hasta la próxima, bicis al coche y para casa, que la familia de Alfons le esperaba para que hiciera una paella que, mucho me temo, comieron algo tarde.

Al día siguiente, lunes festivo, más bici. Esta vez con Dami y Kiko en Badalona.

La hora de salida mucho más cómoda a las 9:00. Como andan un poco resacosos después de algún tiempo sin montar en bici, decidimos hacer una salida light que a mi, después del machaque del día anterior, me pareció más que bien.

Aún así subimos la pista del depósito sin siquiera pararnos a beber ni un trago de agua y mucho menos a descansar. ¿Qué ha sido de esos anacardos que nos zampábamos en el Collet de la Vallençana?. Cuando dicen de ponerse en forma no hay quien les tosa.

Total, que entre bufidos y resoplidos llegamos arriba de la pista del depósito y cogemos un sendero que baja por la zona de Can Ruti a ratos convertido en trialera y que después de bastante tiempo sin frecuentar trialeras de este calibre, se me hizo bastante difícil de superar, teniendo que poner el pie a tierra bastantes veces.

Tras llegar abajo, cortadito reglamentario y para casa.

En resumen han sido unas jornadas de bicicleta memorables, con una compañía siempre magnífica y con unos parajes imcomparables que me han vuelto a meter el gusanillo de la BTT en el cuerpo, si es que alguna vez se marchó.